Día del Enseñante 2002

Con motivo de la celebración del Día del Enseñante la profesora de Lengua Dª María del Pino Marrero Berbel (Berbel) ha realizado una bonita actividad con sus alumnos pidiéndoles que entrevistaran a alguna persona allegada que hubiese realizado sus estudios hace años en nuestro Instituto. Ella misma lo ha hecho con algunas de las profesoras actuales que realizaron aquí sus estudios de Bachillerato.

A continuación transcribimos algunos de los textos producidos.

Hemos realizado una agradable búsqueda a través del tiempo, destapando la caja de la memoria para acercarnos un poco al pasado.

Con el regalo que supone siempre conversar con personas que estudiaron en nuestro centro, construimos esta pequeña muestra que nos sirva para felicitarnos en el Día del Enseñante.

Agradecemos a los alumnos, padres y profesores la colaboración prestada.

Años sesenta y setenta.

CUENTAN ALGUNAS PROFESORAS

Antes sólo existía un instituto, el "Pérez Galdós”, un poco más allá de donde estamos. Lo tuvieron que demoler por no sé qué razones y fue entonces cuando crearon dos centros, uno para chicas y otro para chicos. El instituto femenino (así lo llamábamos) era el “Isabel de España”.

Recuerdo que por mi época el director del “Pérez Galdós” fue don Manuel Cardenal. Pero desde que se creó el “Isabel de España”, me pasaron aquí y fue aquí en donde realicé todo mi Bachillerato. ¡Era una época maravillosa!

Recuerdo con mucho cariño mi paso por el instituto.

Formábamos en el patio por cursos, en filas ordenadas y en silencio absoluto. El Jefe de Estudios se asomaba a una de las ventanas del primer piso y por un altavoz iba nombrando curso tras curso. Se iba subiendo a las clases de manera ordenada. Eran otros tiempos y la disciplina fue siempre muy estricta.

Recuerdo que la capilla del instituto se utilizaba para actos religiosos en el centro, con la asistencia de alumnos y profesores, incluso recuerdo asistir a un funeral.

¡Aquellas tarimas en las clases! No sé si eran más altas o veíamos a los profesores mucho más lejanos y distantes.

¡Los profesores eran “sagrados”! Cuando entraban en las clases todas nos poníamos en pie y nos sentábamos cuando nos daban permiso.

Los profesores guardaban la misma disciplina, eran muy austeros y serios. Todos nos trataban de usted y “señorita esto” y “señorita lo otro”. Y nosotras siempre tratábamos a los profesores de don y doña ¡no era imaginable otra forma!

¿La confianza?... ¡eso no estaba en nuestros diccionarios!

Aquellos profesores eran la representación de la autoridad, el respeto, la buena educación y la sabiduría. ¡Imponían con sólo verlos!

Vestían con chaqueta y corbata. Nosotras teníamos nuestros propios “ídolos”, el más guapo, el más simpático, el más...

Al mediodía se quedaban a comer las niñas que eran del campo. Antes las comunicaciones a nuestros pueblos no eran lo que hoy, ni tantas ni tan rápidas. Así en esos almuerzos de alumnas se entablaron grandes amistades entre niñas que venían de Telde, Arucas, Gáldar,... y las de la ciudad. ¡Y ya ni les cuento cuando fuimos a la universidad! ¡Todas nos conocíamos!

 

¡El uniforme! Estábamos deseando llegar al último curso para cambiar, (sobre todo las niñas que venían de las monjas) ¡Las niñas del PREU con la rebeca azul! ¡Implicaba carácter! ¡Nos veíamos mayores!

Dentro de los uniformes hay que destacar el más espantoso de todos los uniformes de nuestra época... ¿recuerdan el uniforme de gimnasia? (Gimnasia, que antes no decíamos Educación Física). Bueno, bueno... ropa interior, camiseta, blusa y bombachos azules hasta la rodilla, calcetines y playeras. ¡Nada de marcas! ¡Sudores y más sudores! Se realizaban unas tablas gimnásticas en el patio que eran preciosas, desfilando con música y formando verdaderas filigranas. ¡Qué tiempos!

 

Sí, también éramos traviesas, inquietas, revoltosas y todo lo propio de la edad. Poníamos nombretes a los profesores y a todo el personal que nos parecía, pero en la más absoluta clandestinidad. ¡Ni ahora los vamos a descubrir!, pero quede nuestro recuerdo y cariño a “la negra”, “la percha”, “la porky”, como ejemplos.

Como anécdota citamos una ocasión muy particular en la que pusieron de rodillas en la clase a un curso de PREU. No se recuerda el motivo, pero pasó a la historia el hecho por ser el profesor que fue y el pánico que cundió.

Dentro de nuestras “trastadas” están las de asomarnos a los patios que nos separaban del otro instituto para ver a los niños, cambiarnos las rebecas con las amigas, hacer “chuletas” y copiarnos en los exámenes. Todo lo propio para aburrir al cura en nuestras confesiones y poder comulgar como Dios manda.

 

¡La enseñanza era tan distinta a la de hoy! ¡Los libros feísimos! El material era muy rudimentario si lo comparamos con el de hoy en día. Tengo recuerdos de ver todo en blanco y negro. ¡Qué preciosos los diccionarios de Latín llenos de dibujos del mundo romano! ¡Cómo sudábamos “tinta china” -y nunca mejor dicho- con aquellos tiralíneas y la gotita que se te escapaba sobre el papel y tenías que dejar secar y raspar luego con una hojilla de afeitar. ¡El miedo de estropear la lámina de papel de dibujo lineal! que comprábamos en las librerías Hispania y Selecciones (en el Puente de Piedra), o en la calle Triana en Rexach.

 

Creo que antes estudiábamos mucho más de lo que ahora estudian los alumnos (y con menos medios). Eso de venir al instituto sin los deberes era impensable. No sé si por vergüenza o pánico pero que nuestros padres tuvieran una mínima queja era algo espantoso.

A pesar de las distancias que guardábamos con los profesores, les teníamos una gran admiración. Ya en la universidad, muchas de nosotras, vivíamos de las “rentas” de la enseñanza que habíamos recibido en el “Isabel de España”, y cuando veníamos de fuera siempre pasábamos a saludar a los profesores, a contarles los progresos, a dejarnos aconsejar...

 

Para terminar añadimos un listado de profesores que han pasado por el Instituto Isabel de España. No están todos los que han estado, ni los que están ahora, ni los que estarán (es lógico), pero vaya el recuerdo y gratitud al pasado, presente y futuro de alumnos y profesores.

Don Miguel Sabater. Don Alfonso de Armas. Don José Doreste. Dª Montserrat Ortiz. Don Pedro Cullen del Castillo. Dª Amparo Canino. Don Prudencio (Ciencias Naturales). Don Manuel Mesa. Dª Josefina (Gimnasia). Don Arturo (Filosofía). Dª Maria Luisa de La Guardia. Dª Paloma García San Román. Dª Josefa Franco. Dª Yolanda Arencibia. Dª Pilar Velázquez. Don Rubén Darío. Don Jorge Rodríguez Padrón. Dª Pía. Dª Pilar Ruíz. Don Emilio Guiérrez. Dª Rosa (Inglés). Padre Martín Sarmiento y tantos otros que ahora no recordamos.

Observaciones:

Podríamos escribir un libro de todo ese tiempo tan significativo en el que pasamos una parte muy importante de nuestras vidas, pero aquí sólo pretendemos poner una pequeña señal, un recuerdo sencillo y el deseo de que los historiadores nos incluyan en ese otro libro de La Historia de la Enseñanza en Canarias.

Sabemos que no aparecimos en el catálogo de la preciosa exposición  titulada “Apuntes para la Historia de la Enseñanza en Canarias” (abril, 1997) (Cronología desde 1539 a 1996, págs. 221-227). Pero no perdamos la esperanza, alguna vez apareceremos. ¡Todavía somos jóvenes! ¡Sólo nos falta tiempo!

 

Esta página se modificó por última vez el viernes 15 de junio de 2007