Hemos realizado una agradable búsqueda a través del
tiempo, destapando la caja de la memoria para acercarnos un poco al
pasado.
Con el regalo que supone siempre conversar con
personas que estudiaron en nuestro centro, construimos esta pequeña
muestra que nos sirva para felicitarnos en el Día del Enseñante.
Agradecemos a los alumnos, padres y profesores la
colaboración prestada.
Años sesenta y setenta.
CUENTAN ALGUNAS PROFESORAS
Antes sólo existía un instituto, el "Pérez
Galdós”, un poco más allá de donde estamos. Lo tuvieron que demoler
por no sé qué razones y fue entonces cuando crearon dos centros, uno
para chicas y otro para chicos. El instituto femenino (así lo
llamábamos) era el “Isabel de España”.
Recuerdo que por mi época el director del “Pérez
Galdós” fue don Manuel Cardenal. Pero desde que se creó el “Isabel
de España”, me pasaron aquí y fue aquí en donde realicé todo mi
Bachillerato. ¡Era una época maravillosa!
Recuerdo con mucho cariño mi paso por el instituto.
Formábamos en el patio por cursos, en filas
ordenadas y en silencio absoluto. El Jefe de Estudios se asomaba a una
de las ventanas del primer piso y por un altavoz iba nombrando curso
tras curso. Se iba subiendo a las clases de manera ordenada. Eran otros
tiempos y la disciplina fue siempre muy estricta.
Recuerdo que la capilla del instituto se utilizaba
para actos religiosos en el centro, con la asistencia de alumnos y
profesores, incluso recuerdo asistir a un funeral.
¡Aquellas tarimas en las clases! No sé si eran más
altas o veíamos a los profesores mucho más lejanos y distantes.
¡Los profesores eran “sagrados”! Cuando entraban
en las clases todas nos poníamos en pie y nos sentábamos cuando nos
daban permiso.
Los profesores guardaban la misma disciplina, eran
muy austeros y serios. Todos nos trataban de usted y “señorita esto”
y “señorita lo otro”. Y nosotras siempre tratábamos a los
profesores de don y doña ¡no era imaginable otra forma!
¿La confianza?... ¡eso no estaba en nuestros
diccionarios!
Aquellos profesores eran la representación de la
autoridad, el respeto, la buena educación y la sabiduría. ¡Imponían
con sólo verlos!
Vestían con chaqueta y corbata. Nosotras teníamos
nuestros propios “ídolos”, el más guapo, el más simpático, el
más...
Al mediodía se quedaban a comer las niñas que eran
del campo. Antes las comunicaciones a nuestros pueblos no eran lo que
hoy, ni tantas ni tan rápidas. Así en esos almuerzos de alumnas se
entablaron grandes amistades entre niñas que venían de Telde, Arucas,
Gáldar,... y las de la ciudad. ¡Y ya ni les cuento cuando fuimos a la
universidad! ¡Todas nos conocíamos!
¡El uniforme! Estábamos deseando llegar al último
curso para cambiar, (sobre todo las niñas que venían de las monjas)
¡Las niñas del PREU con la rebeca azul! ¡Implicaba carácter! ¡Nos
veíamos mayores!
Dentro de los uniformes hay que destacar el más
espantoso de todos los uniformes de nuestra época... ¿recuerdan el
uniforme de gimnasia? (Gimnasia, que antes no decíamos Educación
Física). Bueno, bueno... ropa interior, camiseta, blusa y bombachos
azules hasta la rodilla, calcetines y playeras. ¡Nada de marcas!
¡Sudores y más sudores! Se realizaban unas tablas gimnásticas en el
patio que eran preciosas, desfilando con música y formando verdaderas
filigranas. ¡Qué tiempos!
Sí, también éramos traviesas, inquietas,
revoltosas y todo lo propio de la edad. Poníamos nombretes a los
profesores y a todo el personal que nos parecía, pero en la más
absoluta clandestinidad. ¡Ni ahora los vamos a descubrir!, pero quede
nuestro recuerdo y cariño a “la negra”, “la percha”, “la
porky”, como ejemplos.
Como anécdota citamos una ocasión muy particular en
la que pusieron de rodillas en la clase a un curso de PREU. No se
recuerda el motivo, pero pasó a la historia el hecho por ser el
profesor que fue y el pánico que cundió.
Dentro de nuestras “trastadas” están las de
asomarnos a los patios que nos separaban del otro instituto para ver a
los niños, cambiarnos las rebecas con las amigas, hacer “chuletas”
y copiarnos en los exámenes. Todo lo propio para aburrir al cura en
nuestras confesiones y poder comulgar como Dios manda.
¡La enseñanza era tan distinta a la de hoy! ¡Los
libros feísimos! El material era muy rudimentario si lo comparamos con
el de hoy en día. Tengo recuerdos de ver todo en blanco y negro. ¡Qué
preciosos los diccionarios de Latín llenos de dibujos del mundo romano!
¡Cómo sudábamos “tinta china” -y nunca mejor dicho- con aquellos
tiralíneas y la gotita que se te escapaba sobre el papel y tenías que
dejar secar y raspar luego con una hojilla de afeitar. ¡El miedo de
estropear la lámina de papel de dibujo lineal! que comprábamos en las
librerías Hispania y Selecciones (en el Puente de Piedra), o en la
calle Triana en Rexach.
Creo que antes estudiábamos mucho más de lo que
ahora estudian los alumnos (y con menos medios). Eso de venir al
instituto sin los deberes era impensable. No sé si por vergüenza o
pánico pero que nuestros padres tuvieran una mínima queja era algo
espantoso.
A pesar de las distancias que guardábamos con los
profesores, les teníamos una gran admiración. Ya en la universidad,
muchas de nosotras, vivíamos de las “rentas” de la enseñanza que
habíamos recibido en el “Isabel de España”, y cuando veníamos de
fuera siempre pasábamos a saludar a los profesores, a contarles los
progresos, a dejarnos aconsejar...
Para terminar añadimos un listado de profesores que
han pasado por el Instituto Isabel de España. No están todos los que
han estado, ni los que están ahora, ni los que estarán (es lógico),
pero vaya el recuerdo y gratitud al pasado, presente y futuro de alumnos
y profesores.
Don Miguel Sabater. Don Alfonso de Armas. Don José
Doreste. Dª Montserrat Ortiz. Don Pedro Cullen del Castillo. Dª Amparo
Canino. Don Prudencio (Ciencias Naturales). Don Manuel Mesa. Dª
Josefina (Gimnasia). Don Arturo (Filosofía). Dª Maria Luisa de La
Guardia. Dª Paloma García San Román. Dª Josefa Franco. Dª Yolanda
Arencibia. Dª Pilar Velázquez. Don Rubén Darío. Don Jorge Rodríguez
Padrón. Dª Pía. Dª Pilar Ruíz. Don Emilio Guiérrez. Dª Rosa
(Inglés). Padre Martín Sarmiento y tantos otros que ahora no
recordamos.
Observaciones:
Podríamos escribir un libro de todo ese tiempo tan
significativo en el que pasamos una parte muy importante de nuestras
vidas, pero aquí sólo pretendemos poner una pequeña señal, un
recuerdo sencillo y el deseo de que los historiadores nos incluyan en
ese otro libro de La Historia de la Enseñanza en Canarias.
Sabemos que no aparecimos en el catálogo de la
preciosa exposición titulada “Apuntes para la Historia de la
Enseñanza en Canarias” (abril, 1997) (Cronología desde 1539 a 1996,
págs. 221-227). Pero no perdamos la esperanza, alguna vez apareceremos.
¡Todavía somos jóvenes! ¡Sólo nos falta tiempo!